dijous, 1 de setembre de 2011

que venga el Frente de Izquierdas

Llegó Septiembre, volvió el curro, la uni... y habría que ir pensando en actualizar el blog, digo yo. Pero claro, ¿de qué escribes ahora? Y no es por falta de temas, oigan, que este verano por poco se acaba el mundo: JMJ, (más) recortes, hundimiento de las bolsas, PIRMI, (nueva) reforma laboral, reformazo... ¡si es que no puede uno descansar, que se le acumula la faena!
¿Recuerdan aquellos hermosos veranos en los que la noticia más importante era la simpática ocurrencia de los vecinos de Castillejos de Abajo para refrescarse usando el agua de las fuentes, o algo por el estilo? Como diría Mayor Oreja, eran tiempos sencillos: eran tiempos mejores.

Desgraciadamente para nosotros (sobretodo para nosotros, léase, los currantes), la economía mundial se derrumba y ni siquiera en verano podemos descuidarnos, porque a la mínima nos quitan un derecho más, de los pocos que nos quedan. Y es verdad, como se empeña en recordarnos Rubaljoy en cada comparecencia, que nos encontramos en momentos complicados, críticos, que requieren, a veces, medidas valientes, agosarades, echadas pa'lante.

Por ello quisiera iniciar el maldito mes del retorno a la realidad con una pequeña reflexión no acerca de cualquiera de las últimas tropelías que nuestros gobernantes han cometido en estas semanas (tiempo habrá para comentarlas), sino con un llamamiento de cara al futuro inmediato, que se desprende de todo lo anterior: es urgente la configuración de una candidatura unitaria de toda la izquierda social y política de este país de cara a las elecciones generales.

Y lo digo yo, ojo, que nunca me he destacado por querer pactar con según quien. Pactos los que quieras, suelo decir, pero para qué.
Pero es que, señores y señoras, la cosa está muy malita: tenemos a la vuelta de la esquina una victoria de la derecha más rancia (con posibilidades de mayoría absoluta), un hundimiento más o menos controlado del partido gobernante, que otrora fue socialdemócrata pero ya está definitivamente vendido al neoliberalismo, y una izquierda atomizada, que de seguir así no podrá convertir el clamor de una parte de la sociedad civil contraria a las políticas del PPSOE en fuerza parlamentaria que nos permita plantar cara a los desafíos que se nos vienen.

Porque la cosa se va a poner peor. Vendrán más recortes, más decretazos, más reformas. Es posible que venga hasta un rescatillo. Y en esa tesitura, no podemos permitirnos un parlamento como el actual: completamente derechizado y con una izquierda tan mermada que sus argumentos ni siquiera caben en el telediario de la uno. Necesitamos un grupo parlamentario potente que pueda hablar en defensa de los derechos de los ciudadanos y los trabajadores.

Y sí, vale. Si nos presentamos cada uno por su lado, IU volverá a tener grupo parlamentario propio, porque es de cajón que va a subir de votos. Y puede que algún experimento ecologista o de la "izquierda periférica" saque algún diputadillo perdido por aquí o por allá. Total, que sí, que pase lo que pase estaremos mejor que ahora.
Pero si fuéramos capaces de aunar esfuerzos, no solo como una coalición entre un par de partidos, sino entorno a una plataforma social y política amplia, estoy convencido de que podríamos dar la campanada. Que no es lo mismo tener 7 diputados que 17, o 27. De tenerlos ahora, por ejemplo, habría referéndum.

Creo que hay una parte importante de la ciudadanía que está harta del bipartidismo, y que está harta de que nos gobiernen los banqueros, y que está harta de no tener voz en el Parlamento. Pero por desgracia, por lo que sea, tampoco nos ve, a ninguno de los existentes, como alternativas válidas o viables. Y oigan, vista la historia, tampoco puedo reprochárselo demasiado.
Creo que toda esta gente, o gran parte de ella, podría dar su apoyo, e incluso sumarse a participar, si apareciera algo unitario e ilusionante, una candidatura en la que quepamos todos aquellos que nos situamos del lado de los trabajadores y la voluntad popular por encima de los intereses de los mercados y la banca. Una candidatura unida entorno a un programa de mínimos, si se quiere, pero muy claro: defensa de los derechos sociales y laborales, retirada de los recortes y las reformas antisociales, democratización del estado, y tres cosas más. Una candidatura en la que tengan cabida, incluso, sectores progresistas del PSOE, si es que queda alguien de izquierdas por allí.
Luego, cada uno tendrá sus matices y sus historias: yo soy comunista y no pretendo renunciar a lo que soy. Pero ahora toca defender lo básico al lado de cualquiera que también quiera defender lo básico. En un momento histórico tuvimos que unirnos todos para que no pasara el fascismo (y pasó, ya, vale). Hoy toca unirse para que no pasen los que pretenden devolvernos al siglo XIX.

Es complicado, lo admito. Pero es imprescindible, si queremos cambiar las cosas, aunque sea un poco, en este país.
Hay ya movimientos en ese sentido. Pero los veo tímidos. Veo miedo en unos, desconfianza en otros, voluntad de probar suerte en solitario por parte de los de más allá. Temo que, entre unos y otros, la casa al final se quede por barrer. Así que por favor, dejémonos de hostias (papales o policiales) y pongámonos al lío con ganas y energía, que tenemos poco tiempo.

A los míos, les pediría generosidad y apertura de miras. Entiendo que es complicado confiar en quien te ha apuñalado varias veces, y entiendo que se tiene que respetar la posición de la que es la principal fuerza de izquierdas del país, pero por favor, por nosotros que no quede. Estoy convencido que así será, por otra parte.

A los que están a mi izquierda (si ello es posible xD), les pediría que hagan un esfuerzo por entender que la gravedad del momento requiere que luchemos hombro con hombro todos los que estamos en la misma trinchera. Luego ya nos quejaremos de las traiciones de CCOO o UGT, si queréis, pero ahora, primero, paremos al ultraliberalismo.

A los que están a mi derecha, les pediría que se dejen de tonterías por un par de años, al menos. Vale que no tenéis nada que perder, porque ahora sois extraparlamentarios, y lo peor que os puede pasar es que lo sigáis siendo. Vale que si la cosa os sale bien y suena la flauta, podéis sacar algún diputado con el que luego negociar, ganar influencias, tal y cual. Pero ¿a cambio de qué? ¿de otro parlamento como el actual? ¿qué preferimos, ser cabeza de ratón?

Y a los que renuncian, de entrada, al juego electoralista, les diría que yo lo entiendo, porque demasiadas veces me entran las ganas. Pero el problema es que los otros, los del otro lado de la trinchera, van a seguir estando allí, sí o sí. Y si queremos cambiar algo, tenemos que estar también allí. En la calle por supuesto, siempre y cada día. Pero también en los parlamentos, para dignificarlos, para hacer Política con mayúsculas, no politiquerío, y para cambiar la vida de la gente hoy, aquí y ahora. Que en definitiva, es lo que queremos, ¿no?

Empieza Septiembre, queda poco para que se abra la veda, será un mes de infarto y yo desde aquí poco puedo hacer. Pero no quiero quedarme con las ganas de decirlo.
Vayamos a por todas, y que venga, de una buena vez, el Frente de Izquierdas.

dilluns, 11 de juliol de 2011

de listas abiertas y circunscripciones unipersonales

Estos días se está empezando a hablar de cosas que hace poco parecían tabú. De repente, oyes a la gente en los bares debatir sobre la necesidad de nacionalizar la banca, o a los políticos proponer reformas de la ley electoral. Yo no tengo la menor duda, y creo que pocos lo discutirán, que este cambio en el estado de opinión (hace dos meses quienes defendíamos la banca pública eramos cuatro iluminados anacrónicos) es una de las cosas que debemos agradecer al estallido del movimiento 15M.
Pero ojo, porque hay una serie de cuestiones, y opiniones, que también se escuchan en las plazas, que no son tan acertadas, en mi humilde opinión. Y una de ellas se relaciona con esto de cambiar la ley electoral para hacerla "mas cercana al ciudadano".

Es sabido que las reformas que plantean Esperanza Aguirre y otros semejantes (el sábado lo hablaba Rubalcaba, ese rojo ejemplar que siempre ha estado al lado de los trabajadores) no tienden precisamente a una mayor proporción y representatividad, sino al contrario: a circunscripción más pequeña, menos posibilidades de que se cuele una tercera opción en el parlamento, ergo, bipartidismo puro. Con el cuento de la proximidad, de lo bueno que es que cada elector sepa quién es su representante, te pretenden colar un sistema mayoritario en el que PP y PSOE se repartan (aún más) todo el pastel, dejando fuera del sistema a millones de personas.

Pero lo que me parece un poco preocupante no es eso, sino la corriente de fondo acerca de nuestros representantes públicos. A ver si me consigo explicar. En mi opinión, un diputado (senador, concejal...) no lo es por si mismo. No lo es por ser quien es. Uno es representante porque representa (valga la rebuznancia) a un colectivo. Como los 40 millones de españoles no podemos reunirnos en el parlamento (imagínate el follón), elegimos a 350 que se reúnan en nuestro nombre. Pero estos señores no son libres para hacer y deshacer a su antojo. Cada uno de estos señores está ahí para ser la voz de un colectivo que le ha votado, en función de un programa que tiene una serie de propuestas que se han acordado de forma colectiva. Yo no votaré a Cayo Lara porque me caiga bien, ni porque crea que es buena persona, ni porque confíe en su criterio. Votaré a Cayo Lara porque es el representante de un colectivo que pretende poner en marcha una serie de reformas políticas con las que yo estoy de acuerdo. Votaré a Cayo Lara porque será mi representante, porque hablará con mi voz. Y no será libre de hacer y deshacer a su antojo. No podrá actuar "según su buen criterio". No señor. Defenderá y dirá lo que entre todos decidamos, porque así lo decidiremos, y él no es más (ni menos, tampoco) que el representante de un colectivo de personas que se ponen de acuerdo para intentar llevar a cabo una serie de cambios.

Por eso a mí, estas cosas del diputado de una pequeña circunscripción, o de las listas abiertas u otras historias semejantes, que en principio pueden parecer fórmulas de acercar la política a la ciudadanía, no me parecen del todo adecuadas. Porque es otorgarle el poder a otro para que haga y deshaga. Yo confío en Mengano/a, porque me cae bien, porque tiene pinta de ser un tipo/a culto, preparado, inteligente. Que haga lo que le parezca mejor, que sabe lo que hace. Pues no señor. Porque así pasa lo que pasa hoy en el PSOE, por ejemplo. Que de repente parece que, como todo se limita a la opinión y el estado de ánimo del Gran Líder, ayer, con Zapatero, el PSOE era el partido ultraliberal defensor de los mercados y el Banco Santander, y hoy, por obra y gracia del ungido Rubalcaba, el PSOE se convierte en el adalid de los derechos de los trabajadores (aunque el gobierno siga recortando derechos, y solo hasta que a Rubalcaba le parezca mejor cambiar de opinión).
Pues esa no es mi forma de entender la política, perdónenme. Yo entiendo la política como un trabajo colectivo, y creo que los militantes y votantes del PSOE deberían ser quienes decidieran qué diran y harán sus representantes, y no limitarse a seguir los cambios de opinión de sus líderes.

A mí, Menganito, si actúa como Menganito, no me representa. Si actúa como el altavoz de las propuestas que colectivamente hemos elegido, sí me representa.
Pero para ello es necesaria una ciudadanía activa, no mera consumidora de líderes políticos, que es en lo que han intentado convertirnos durante los últimos lustros. Espero que el despertar de las conciencias que se está produciendo en nuestro país estos meses sirva también para remover un poco esto último. Y que recuperemos el valor de lo colectivo, por encima de la divinización del individualismo actual.

dimecres, 22 de juny de 2011

La desvergüenza de Monràs (o demostración empírica de que no todos son iguales)

"Siglo XX cambalache,
problemático y febril,
el que no llora no mama
y el que no afana es un gil"

Se extraña y ofende la clase política cuando la gente les llama chorizos. Pero el caso es que la cultura del pelotazo está tan instaurada en nuestro sistema que lo normal es que cualquiera, cuando pueda, a la mínima oportunidad, se enriquezca a costa del erario público. Y eso no es robar, es... ser listo. Y si no lo haces, peor pa ti, tonto. ¿No ves que todos hacen lo mismo? Y en esa frase está implícita la continuación ¿No ves que yo, si pudiera, haría lo mismo?

Voy a contar una historieta personal, acerca de la dignidad y los cargos públicos. Mi padre fue concejal del Ayuntamiento de Mollet, hace muuuchos años. Fue la época en la que más pobres fuimos, en mi casa. No solo es que mi padre no se enriqueciera (ni mucho menos) por trabajar en el Ayuntamiento, es que no aceptó ni un pequeño detalle por parte de nadie. Devolvía hasta las cestas de navidad, fíjate.
Pues bien, cuando dejó el puesto y se puso a trabajar de lo suyo, empezó a cobrar un poco más, y nosotros empezamos a vivir un poco mejor. Pasó el tiempo y mis padres vendieron el pisito que tenían y se hipotecaron para comprar una casa. ¿Adivinan? Alguno empezó a comentar, obviamente, que mi padre debía de haberse enriquecido gracias a su etapa en el Ayuntamiento. Pero eso no es lo peor, no. Lo peor es que algun otro contestó: "¡Pues claro! ¡Tonto sería si no lo hubiera hecho!".
Ese es uno de los problemas de nuestro país. Es normal hacerse de oro a costa del dinero de todos. Y como dice la canción, resulta que el que no afana, encima, es un gil.

Hoy, en Mollet, tenemos un nuevo ejemplo de este singular fenómeno. El señor alcalde, Josep Monràs, y los otros 11 concejales del PSC, planean subirse el sueldo un 30%. Voy a repetirlo: un 30%. En el caso del alcalde, un 32'42%, para ser exactos.
Cuando la caja pública está tiritando, cuando todo se recorta, cuando hay que bajar las pensiones y los sueldos de los trabajadores, estos sujetos deciden que de golpe y porrazo necesitan urgentemente cobrar un 30% más. Es preciso. Como diría Esperanza Aguirre, es que no llegan a fin de mes, los pobres.

¿Y como pueden hacer eso? ¡Si no tienen mayoría absoluta! Volvamos al tango: pasteleando. Tu me apruebas esto, y yo, a cambio, libero al 20% a un concejal de cada grupo de la oposición. Te pongo un sueldito, vamos.
¿Os cuento como ha ido la negociación con los grupos de la oposición? Fácil. En la primera propuesta, el sueldo para el portavoz de los grupos que no están en el gobierno era de 13.000 € al año. En la segunda propuesta, de 16.000 €. En la última, la que se ha firmado, de 18.000 €. Así ha funcionado el tema. Porque así funcionan las cosas, así funciona este país y es normal, es lo que hace todo el mundo, y el que no pasa por el aro es que es tonto, encima.

¿Todos son iguales? Todos NO. Porque -y merece ser resaltado- un pequeño grupo resiste, como los galos, ahora y siempre, al invasor. Mientras el PSC pasteleaba con CiU, PP, e incluso con ERC (puñalada, porque no me lo esperaba esto de ellos), hay tres concejales que se han negado a entrar en el juego, que han intentado hasta el último momento que esto no se aprobara, que se han negado a firmar el "documento institucional" en el que, escondido entre otras cosas, se acuerdan estas retribuciones, y que hoy en el pleno van a luchar para echar para atrás esta decisión.
Son los "tontos" de Mollet. Los que se niegan a entrar en el juego del "yo te doy, tu me das". Los únicos -parece ser- que no están en esto para hacerse ricos. Los últimos concejales dignos, rodeados en la cueva de Alí Babá.
Se llaman Noemí Fernández, Antonio López y Marina Escribano. Apunten sus nombres, ya sea para llamarles "giles" por no afanar, o para agradecer que, entre la inmundicia, aún hay alguien que cree que la política no debe ser un modo de mejorar mi status personal, sino de luchar para mejorar la vida de todos.
Son los concejales de ICV-EUiA, y estos días -por primera vez en mucho tiempo, debo añadir- me han hecho sentir orgulloso de formar parte de mi organización. La habremos cagado mucho, no lo dudo, yo mismo lo he dicho muchas veces. Pero cuando llega el momento importante, no nos vendemos. Ni por un plato de lentejas, ni por dos.

dilluns, 20 de juny de 2011

Pactos por programa

Preferiría hablar de las manis de ayer, la verdad. Quizá lo haga luego. Pero algo tendré que decir de Extremadura, ¿no?

Primero, me parece una mala decisión, no la comparto, no me gusta, y tampoco me gusta que aquí, una vez más, parece que cada territorio sea un reino de taifas, y pasando del proyecto común, en Catalunya se pueden hacer una serie de barbaridades, en Euskadi otras, en Madrid otras, en Andalucía otras y en Extremadura otras. Es como cuando la asamblea de la acampada de Barcelona acuerda disolver la acampada, y un grupo dice que ellos no quieren y que no tienen por qué acatar la decisión de la asamblea porque nadie les representa.
Entiendo que gestionar la pluralidad es complicado, y que encontrar las formas de compaginar la máxima democracia interna con la cohesión de todo el proyecto se hace difícil en ocasiones. No quiero formar parte de una organización en la que la dirección decide y el resto acata (para eso ya está el PPSOE). Pero tampoco quiero estar en un sitio en el que cada cual puede hacer lo que quiera sin pensar en el proyecto común. ¿Cómo encontrar el equilibrio?

Segundo, me da rabia que en este país muchos den por sentado que, así, por principio, IU debe votar al PSOE sí o sí, porque sí. Oiga usted, que estamos hablando del PSOE, del partido que recorta derechos sociales y laborales, del partido que nos deja sin pensiones y obedece ciegamente a los dictados de Ángela Merkel. Yo, al PSOE, agua la justa. Y solo si se la gana, cuando se la gane, solo allí donde se la gane. Y si no, me abstengo. Y si no les gusta, haber hecho otra política y quizá así no hubieran perdido las elecciones.

Y tercero, quizá me equivoque, porque he seguido el tema por la prensa e internet, pero creo que el proceso (intachablemente democrático) de IU Extremadura para decidir el sentido de su voto en la investidura no ha estado del todo bien planteado.
Me explico. Se ha consultado a las bases si votábamos a favor PSOE o nos absteníamos. Las bases han hablado y por bastante mayoría han preferido la abstención. IU ha acordado hacer lo que las bases pedían (entiendo que si tienes al 78% de la organización a favor de una cosa, hacer la contraria es mal asunto).
Pero me parecía que se votaba sobre la nada, o sobre percepciones, sobre sentimientos. Y nosotros no actuamos así. O no deberíamos, no está en nuestro ADN.

Nosotros somos los del "programa, programa, programa". ¿Recuerdan? Siempre lo hemos dicho, y casi siempre lo practicamos. Nosotros no decidimos en función de unas señales, o de unas percepciones. Pactamos en base a un programa. Y punto.
Quizá, si el proceso se hubiera planteado así desde el principio, la decisión tomada, esta u otra, tendría un grado de apoyo y consenso mucho mayor. Es decir, yo no decido si voto a tal, a cual, o me abstengo. Yo pongo sobre la mesa una serie de puntos programáticos innegociables para cualquiera que quiera que le vote (no para unirme a un gobierno, pero sí para firmar un pacto de investidura). Si hay algún partido que esté dispuesto a aprobar esas leyes (por ejemplo, se me van ocurriendo, reforma de la ley electoral, reforma fiscal progresiva, marcha atrás en los recortes... decidan los compañeros de Extremadura cuales son) se firma un acuerdo de investidura y se vota a favor de ese candidato. Por supuesto, consultando a las bases, pero sobre el programa de mínimos, no sobre la percepción o el sentimiento. Si ningún otro partido acepta los puntos planteados en nuestro programa, no se vota a nadie y punto. Y no se le vota con una razón potente, que nadie puede rebatir.

En fin, ahora ya es tarde. Pero estaría bien ir recuperando las viejas buenas costumbres, para futuras decisiones trascendentes. Mucho del pasado no nos sirve y hay que cambiarlo, pero todo no.

Y para terminar, un poco de demagogia barata: ¡lo bien que quedaría el PSOE extremeño, que tanto quiere evitar que gobierne la derecha, votando al candidato de IU en la sesión de investidura! ;-)

dijous, 16 de juny de 2011

todos son iguales

Empezar (re-empezar, más bien) un blog a la defensiva es un poco mierder, lo admito. El caso es que hace tiempo que quería darme una nueva oportunidad en esto, y mira, ha tocado hablar de lo único. Que ya es triste.

Ayer estuve en la Ciutadella. Y antes de ayer, también. Como tantos y tantos otros. No es la primera vez que voy a una mani, ni tampoco es la primera vez que en una mani a la que asisto se producen "aldarulls". Ya tenemos una edad ;-)
Dicho esto, mi sensación, después de haber estado en la misma, y despues de ver los vídeos llegado a casa, es de una cierta incredulidad. En serio, lo que pasó ayer (al menos como yo lo viví) no fue nada del otro jueves.

Como parece que estamos obligados a repetir lo evidente (algo así como cuando los fachas le decían a Javier Bardem que tenía que condenar a ETA antes de poder hablar sobre la guerra de Irak), allá va: condeno todo tipo de violencia, siempre que me he encontrado en este tipo de situaciones he intentado poner paz y excluir a los alborotadores, he pedido que el movimiento se desvincule de los actos vandálicos (como ha hecho), me sentí triste y confundido al ver lo que hacía una minoría, creo que hará falta concienciar a mucha más gente acerca de la necesidad de ser aún menos permisivos con este tipo de comportamientos, porque entiendo que mediáticamente sirven para criminalizarnos a todos, porque entiendo que es lo que Cuní y Felip Puig y tantos otros llevaban un mes esperando, me da rabia que por culpa de una panda de impresentables hoy sean los más felices del mundo, y espero que a partir de ahora tengamos más presente todos siempre la necesidad de aislar a esos cuatro imbéciles (sean secretas o no), de no dejarnos llevar por sus provocaciones y seguir con nuestro modelo de mobilización pacífica, aglutinadora y constructiva.
Es más: admito que la acción programada para estos dos días llevaba en su propia naturaleza el peligro de la aparición de violencia, y que, por esa razón, se debería de haber trabajado mucho más y mucho mejor el modus operandi para evitar marcarnos un gol en propia puerta.

Ahora bien. Seamos sinceros. ¿Qué pasó ayer? Que por primera vez desde el 15 de Mayo, la inmensa mayoría de manifestantes pacíficos no fue del todo capaz de controlar a la minoría que venía desde el primer momento dispuesta a reventar. Y eso es malo, vale, pero ojo, porque el milagro es que hasta la fecha, ¡siempre lo habíamos logrado! Y quien ha estado en estos sitios, sabe lo inmensamente difícil que es, cuando se acumula la tensión que allí había. O si no, pregúntenselo a CCOO y UGT, que vieron como la mani del 29 de Septiembre terminaba en batalla campal por las calles de Barcelona (cosa que ayer no pasó, en gran parte por la, una vez más, sorprendente inteligencia colectiva del movimiento, que acordó abandonar la Ciutadella para concentrarse en Plaça Sant Jaume).

No me sorprende que hoy los medios se lancen a la yugular. No me sorprende que la derecha se frote las manos. No me sorprende que Pilar Rahola se relama y tenga pequeños momentos de éxtasis mientras descarga su acumulada bilis. Era esperable. Por eso es triste que se lo hayamos permitido, y por eso no debemos volver a caer en el mismo error.
Lo que me tiene atónito e incrédulo es la reacción de ciertos sectores de la, llamémosla, "izquierda tradicional", que sin esperar un minuto se han lanzado como perros de presa a desprestigiar todo un movimiento ciudadano que lleva un mes movilizando más de lo que las organizaciones políticas y sindicales tradicionales han sido capaces de movilizar en los últimos lustros. Y con un discurso tan parecido al de la derecha, tan defensor del status quo, tan deslegitimador de cualquier medio de hacer política que no sea el suyo, el que ellos dominan y controlan, que a un servidor le hace dudar.
Me hace dudar de si realmente estaban tan escandalizados por un par de insultos y un bote de pintura que no pudieron controlarse y pensar en el todo antes de abrir la boca, o si algunos (y digo algunos) estaban también, como el señor Puig, esperando la menor oportunidad para cagarse en todo el movimiento. Porque quizá estos algunos nunca entendieron el movimiento, y nunca les provocó ilusión, sino hastío, e incluso un pelín de rabia. Y eso es triste.

Nos quejamos de que muchos gritan que todos los políticos son iguales. ¡Que tontos son -decimos- que no se dan cuenta de lo diferentes que somos nosotros! ¿Pero es que somos tan diferentes, acaso? ¿Nunca hemos aceptado votar algo en lo que no creíamos para no romper un gobierno que nos proporcionaba buenos dineros? ¿Nunca hemos realizado una acción gubernamental que hubiéramos criticado de estar en la oposición, pero como ahora la hacen los míos, me callo y la justifico? ¿Nunca hemos aceptado rebajar y rebajar y rebajar nuestro discurso en pos de no molestar a posibles socios de gobierno? ¿No llevamos algo más de 7 años de muchas incoherencias y rendiciones? ¿No es cierto que, en este tiempo, hemos dado más de un argumento a los que dicen que todos somos iguales?
Eso no se arregla diciendo, ahora que estoy en la oposición, ¡Amigos! ¡Yo soy distinto! (o peor, cabreándote porque ellos no han llegado a la conclusión correcta de forma instantánea)
Eso se arregla con hechos. Se arregla viendo hacia donde va la sociedad, qué demandas tiene, y luchando codo con codo con aquellos que quieren luchar por una sociedad más justa, e intentando hacerles ver que mira, tú, efectivamente, eres distinto.

Lo malo de soltar palabras así, improvisando, es que uno sabe lo que quiere decir, pero por el camino se desvía. Empecé hablando de la Ciutadella y termino con el debate de las organizaciones clásicas de la izquierda. A ver si voy aprendiendo en el futuro :-P
Otro día hablaré de los indignados más en profundidad. Que no es un movimiento perfecto, claro está. No es la panacea. Pero es lo mejor que le ha pasado a la izquierda de este país desde que empezó la crisis. Y lo único, casi casi.
Así que dejémonos de sectarismos. Dejémonos de lamentos. Dejémonos de buscar la excusa para decir siempre "estos no son los míos" (y reconozco que yo lo he hecho durante muchos años, aunque sea del lado contrario), y pongámonos a trabajar para construir las herramientas que nos permitan luchar más eficazmente para transformar esta sociedad.

El próximo paso es este domingo. No toca dividir, toca aglutinar, movilizar. A las 17:00h, yo estaré en Plaza Catalunya. Con mi gente. Ojalá me encuentre allí con todos los que creo que son mi gente.