dijous, 1 de setembre de 2011

que venga el Frente de Izquierdas

Llegó Septiembre, volvió el curro, la uni... y habría que ir pensando en actualizar el blog, digo yo. Pero claro, ¿de qué escribes ahora? Y no es por falta de temas, oigan, que este verano por poco se acaba el mundo: JMJ, (más) recortes, hundimiento de las bolsas, PIRMI, (nueva) reforma laboral, reformazo... ¡si es que no puede uno descansar, que se le acumula la faena!
¿Recuerdan aquellos hermosos veranos en los que la noticia más importante era la simpática ocurrencia de los vecinos de Castillejos de Abajo para refrescarse usando el agua de las fuentes, o algo por el estilo? Como diría Mayor Oreja, eran tiempos sencillos: eran tiempos mejores.

Desgraciadamente para nosotros (sobretodo para nosotros, léase, los currantes), la economía mundial se derrumba y ni siquiera en verano podemos descuidarnos, porque a la mínima nos quitan un derecho más, de los pocos que nos quedan. Y es verdad, como se empeña en recordarnos Rubaljoy en cada comparecencia, que nos encontramos en momentos complicados, críticos, que requieren, a veces, medidas valientes, agosarades, echadas pa'lante.

Por ello quisiera iniciar el maldito mes del retorno a la realidad con una pequeña reflexión no acerca de cualquiera de las últimas tropelías que nuestros gobernantes han cometido en estas semanas (tiempo habrá para comentarlas), sino con un llamamiento de cara al futuro inmediato, que se desprende de todo lo anterior: es urgente la configuración de una candidatura unitaria de toda la izquierda social y política de este país de cara a las elecciones generales.

Y lo digo yo, ojo, que nunca me he destacado por querer pactar con según quien. Pactos los que quieras, suelo decir, pero para qué.
Pero es que, señores y señoras, la cosa está muy malita: tenemos a la vuelta de la esquina una victoria de la derecha más rancia (con posibilidades de mayoría absoluta), un hundimiento más o menos controlado del partido gobernante, que otrora fue socialdemócrata pero ya está definitivamente vendido al neoliberalismo, y una izquierda atomizada, que de seguir así no podrá convertir el clamor de una parte de la sociedad civil contraria a las políticas del PPSOE en fuerza parlamentaria que nos permita plantar cara a los desafíos que se nos vienen.

Porque la cosa se va a poner peor. Vendrán más recortes, más decretazos, más reformas. Es posible que venga hasta un rescatillo. Y en esa tesitura, no podemos permitirnos un parlamento como el actual: completamente derechizado y con una izquierda tan mermada que sus argumentos ni siquiera caben en el telediario de la uno. Necesitamos un grupo parlamentario potente que pueda hablar en defensa de los derechos de los ciudadanos y los trabajadores.

Y sí, vale. Si nos presentamos cada uno por su lado, IU volverá a tener grupo parlamentario propio, porque es de cajón que va a subir de votos. Y puede que algún experimento ecologista o de la "izquierda periférica" saque algún diputadillo perdido por aquí o por allá. Total, que sí, que pase lo que pase estaremos mejor que ahora.
Pero si fuéramos capaces de aunar esfuerzos, no solo como una coalición entre un par de partidos, sino entorno a una plataforma social y política amplia, estoy convencido de que podríamos dar la campanada. Que no es lo mismo tener 7 diputados que 17, o 27. De tenerlos ahora, por ejemplo, habría referéndum.

Creo que hay una parte importante de la ciudadanía que está harta del bipartidismo, y que está harta de que nos gobiernen los banqueros, y que está harta de no tener voz en el Parlamento. Pero por desgracia, por lo que sea, tampoco nos ve, a ninguno de los existentes, como alternativas válidas o viables. Y oigan, vista la historia, tampoco puedo reprochárselo demasiado.
Creo que toda esta gente, o gran parte de ella, podría dar su apoyo, e incluso sumarse a participar, si apareciera algo unitario e ilusionante, una candidatura en la que quepamos todos aquellos que nos situamos del lado de los trabajadores y la voluntad popular por encima de los intereses de los mercados y la banca. Una candidatura unida entorno a un programa de mínimos, si se quiere, pero muy claro: defensa de los derechos sociales y laborales, retirada de los recortes y las reformas antisociales, democratización del estado, y tres cosas más. Una candidatura en la que tengan cabida, incluso, sectores progresistas del PSOE, si es que queda alguien de izquierdas por allí.
Luego, cada uno tendrá sus matices y sus historias: yo soy comunista y no pretendo renunciar a lo que soy. Pero ahora toca defender lo básico al lado de cualquiera que también quiera defender lo básico. En un momento histórico tuvimos que unirnos todos para que no pasara el fascismo (y pasó, ya, vale). Hoy toca unirse para que no pasen los que pretenden devolvernos al siglo XIX.

Es complicado, lo admito. Pero es imprescindible, si queremos cambiar las cosas, aunque sea un poco, en este país.
Hay ya movimientos en ese sentido. Pero los veo tímidos. Veo miedo en unos, desconfianza en otros, voluntad de probar suerte en solitario por parte de los de más allá. Temo que, entre unos y otros, la casa al final se quede por barrer. Así que por favor, dejémonos de hostias (papales o policiales) y pongámonos al lío con ganas y energía, que tenemos poco tiempo.

A los míos, les pediría generosidad y apertura de miras. Entiendo que es complicado confiar en quien te ha apuñalado varias veces, y entiendo que se tiene que respetar la posición de la que es la principal fuerza de izquierdas del país, pero por favor, por nosotros que no quede. Estoy convencido que así será, por otra parte.

A los que están a mi izquierda (si ello es posible xD), les pediría que hagan un esfuerzo por entender que la gravedad del momento requiere que luchemos hombro con hombro todos los que estamos en la misma trinchera. Luego ya nos quejaremos de las traiciones de CCOO o UGT, si queréis, pero ahora, primero, paremos al ultraliberalismo.

A los que están a mi derecha, les pediría que se dejen de tonterías por un par de años, al menos. Vale que no tenéis nada que perder, porque ahora sois extraparlamentarios, y lo peor que os puede pasar es que lo sigáis siendo. Vale que si la cosa os sale bien y suena la flauta, podéis sacar algún diputado con el que luego negociar, ganar influencias, tal y cual. Pero ¿a cambio de qué? ¿de otro parlamento como el actual? ¿qué preferimos, ser cabeza de ratón?

Y a los que renuncian, de entrada, al juego electoralista, les diría que yo lo entiendo, porque demasiadas veces me entran las ganas. Pero el problema es que los otros, los del otro lado de la trinchera, van a seguir estando allí, sí o sí. Y si queremos cambiar algo, tenemos que estar también allí. En la calle por supuesto, siempre y cada día. Pero también en los parlamentos, para dignificarlos, para hacer Política con mayúsculas, no politiquerío, y para cambiar la vida de la gente hoy, aquí y ahora. Que en definitiva, es lo que queremos, ¿no?

Empieza Septiembre, queda poco para que se abra la veda, será un mes de infarto y yo desde aquí poco puedo hacer. Pero no quiero quedarme con las ganas de decirlo.
Vayamos a por todas, y que venga, de una buena vez, el Frente de Izquierdas.